Cuaderno de taller, entrada del 12 de marzo
Ensambles a inglete en pino y cedro: cuándo la sierra se desvía
Notas de taller sobre ángulos, humedad y ajuste fino
Hicimos tres ensambles a inglete en la misma jornada para comparar cómo responde cada madera al corte a 45 grados. El pino de 40 x 20 mm se portó previsible con la ingletadora: dos pasadas firmes, sin forzar el disco, y el ángulo quedó cerrado. El cedro de 45 x 25 mm, en cambio, se movió apenas terminamos el corte. No fue un error de la máquina ni del tope: la pieza había estado dos días en el depósito y todavía tenía humedad adentro. Al apoyarla sobre el banco y medir con la escuadra, la luz del taller dejaba ver una abertura de casi un milímetro en la cara interna.
Con sierra de mano el asunto cambia. En pino, si el serrucho no está bien afilado, la hoja se va hacia un lado y el inglete pierde el ángulo antes de la mitad del perfil. En cedro, más blando y con veta menos recta, la desviación aparece cerca del final del corte y suele ser más difícil de corregir. Anotamos las medidas de cada perfil y el tiempo que dejamos estabilizar la madera entre cortes: veinticuatro horas en el caso del cedro, cuatro en el pino. No es una regla fija, pero en nuestro taller funciona como punto de partida.
Cuando la junta queda abierta, no la tapamos con masilla. Preferimos el método de viruta y cola: aserrín de la misma madera, cola vinílica y un poco de agua hasta formar una pasta. Se aplica con espátula fina, se deja secar y se lija al ras con lija 220. El color coincide porque la viruta viene del mismo corte. Es más lento, sí, pero la reparación no se nota bajo la luz natural, que es la única que usamos para revisar los ángulos antes de armar el marco.