Por qué existe este taller
Sasto Frame nació de una costumbre simple: anotar todo lo que pasa sobre el banco. Cada perfil que se corta, cada junta que se abre, cada mano de lustre que se seca antes de tiempo. Empezamos en 2016 con un banco prestado en San Luis y una sierra de mano que ya venía torcida, y desde entonces la bitácora no se interrumpió.
No trabajamos con catálogos cerrados ni prometemos plazos que no podamos sostener. Un marco a medida se piensa junto a la obra: qué papel tiene, cuánto pesa, cómo va a colgarse y qué luz va a recibir en la pared. Preferimos decir que un cedro necesita dos semanas de estabilización antes de cortar el inglete, aunque eso retrase la entrega, a entregar una moldura que se abre al mes.
Lo que buscamos es que quien nos deja una obra sobre papel, un bastidor de lino o una moldura antigua desarmada, la recupere sabiendo exactamente qué se hizo, con qué material y por qué. Ese es el efecto que perseguimos: que el marco desaparezca detrás de la obra y que la decisión quede documentada.