Cada marco pasa por una secuencia que no se saltea: primero medimos la obra y el papel, después elegimos el perfil, y recién entonces se corta. Si la madera no está estabilizada, cualquier ajuste posterior queda flojo.
Día 1
Visitamos el estudio o recibimos la pieza en el taller. Tomamos medidas reales del papel, del bastidor y del margen que va a quedar a la vista. Si hay obra sobre papel, revisamos humedad y ondulación antes de definir el paspartú. En esta instancia también se acuerda el perfil: pino para trabajos livianos, cedro o paraíso cuando la moldura necesita peso y veta marcada.
Días 2 a 4
Se cortan los cuatro listones a 45 grados y se prueban en seco antes de encolar. El pino tiende a moverse si el taller está húmedo, así que dejamos reposar los cortes entre 24 y 48 horas. Los ingletes se ajustan con viruta y cola cuando la junta queda abierta; no se tapa con masilla. El secado completo del ensamble lleva un día más antes de lijar.
Días 5 a 7
El lustre a muñeca se aplica en capas finas, con intervalo mínimo de seis horas y siempre por debajo de los 28 grados. Después se monta la obra: paspartú biselado, cartón de algodón, vidrio y sellado posterior con cinta de papel. Antes de entregar revisamos el corte contra la luz natural. La entrega se coordina en Buenos Aires o se despacha embalado con esquineros y papel libre de ácido.
Los tiempos pueden estirarse si la madera llega húmeda o si hay que reparar una moldura antigua. En esos casos avisamos antes de empezar, no después.
El proceso empieza con una foto o una visita. Nos interesa saber qué obra va a colgar, en qué pared y con qué luz, porque de eso depende el perfil y el tipo de madera. No hay dos encargos iguales y preferimos decirlo antes de cortar.
Nos escribís con las medidas de la obra y una referencia de dónde va. Si es una pieza sobre papel, pedimos el alto y ancho exactos y el margen que querés dejar a la vista. Con eso definimos si conviene pino, cedro o paraíso, y si el perfil va a ser angosto o con más presencia.
Te mostramos opciones de moldura según el peso y el estilo de la obra. Una acuarela chica no pide lo mismo que un óleo grande o una caja de sombra para un objeto. Ahí también se decide el acabado: lustre a muñeca, cera o barniz mate, y el color que mejor acompaña la veta.
Cortamos los perfiles a 45 grados y armamos en seco antes de encolar. La madera se estabiliza unos días en el taller para que no trabaje después. Si una junta queda abierta, se corrige con viruta y cola, nunca rellenando a la vista. Este paso es el que más tiempo lleva y no se apura.
Para obra sobre papel cortamos paspartú de algodón con bisel a 45 grados en una sola pasada y revisamos el corte contra la luz. La obra se fija con cinta libre de ácido, sin pegamento sobre el papel. En cajas de sombra se calcula la profundidad según el objeto y se deja ventilación posterior.
El lustre se aplica en capas finas con intervalos de secado que dependen de la temperatura del taller. En invierno el proceso se estira; apurarlo se nota en la veta al día siguiente. Antes de entregar revisamos bordes, esquinas y el reverso, que también forma parte del marco.
Coordinamos la entrega o una visita para colgar la pieza. Dejamos indicado el tipo de anclaje según la pared y el peso, y anotamos las medidas finales por si más adelante hay que reparar o rehacer la moldura. Si la obra ya tenía marco antiguo, guardamos los restos que puedan servir.
Si querés ver el detalle de materiales y acabados antes de decidir, está todo en lo que ofrecemos. Y si preferís entender primero cómo encaramos cada etapa, podés leer el flujo de trabajo.